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Saldo telefonoEmplear terminologías cercanas a los clientes hace que estos se sientan más seguros a la hora de participar en el proyecto.

Concretamente en España existen desde 2007 mas teléfonos móviles que personas.

Esta estadística nos lleva a la realidad de que los usuarios están acostumbrados a la terminología y definiciones que se emplean en este sector de la telefonía móvil: saldo del móvil, cobertura, toque, etc.
Poder emplear similitudes de terminología cuando hablamos de las metodologías ágiles, acerca a los clientes aun entorno más seguro, sin que se pierdan en ese maremágnum de términos técnicos que normalmente se usan en la relación comercial.

Un cliente que conoce los puntos de esfuerzo que supone un proyecto, que en cualquier momento puede consultar su “Saldo de puntos”, es un cliente seguro de sí mismo y del proyecto.
Esta acción de poder consultar en todo momento su “Saldo” le da la seguridad de tener el control del proyecto, poder saber el estado del mismo, lo consumido y lo que le resta para finalizar, todo esto descrito en una palabra muy fácil de entender por parte de todos los actores que intervienen.
En conclusión, es un paso más para afianzar la relación comercial.

Emplear esta terminología choca en un principio con el concepto de los encargos, que se miden en horas o jornadas de trabajo, pero simplifica mucho la relación con los clientes, ya que estos no molestan al equipo con llamadas o emails preguntando por cuánto queda para finalizar.

timon barcoAbrazar los principios del manifiesto ágil es algo de sentido común, pero cada día se nota más la falta de este elemento en las relaciones comerciales y personales.
Es de sentido común que una persona pueda ir variando el rumbo de sus decisiones a dependencia de cómo se presente el viento, la situación del mar y otros fenómenos naturales fuera de su alcance.

Pues este sentido común se había perdido en gran parte de la industria, donde se planificaban muy bien los itinerarios de los proyectos, incluso de forma muy precisa, para luego seguirlos a rajatabla, incluso con el viento en contra y la marea con olas de cincuenta metros. Se justificaba diciendo que se hizo lo planificado.

Las empresas planificaban con sus clientes en un periodo: 6 meses, 2 años, 5 años o más, se crea una ruta a seguir, se planifica todo perfectamente, se abastecen todos los medios necesarios, juegan a adivinos, sobre todo porque nadie sabe qué pasará dentro de un año, qué tecnología nueva existirá o simplemente si el gusto de los consumidores cambia.
Normalmente el cliente como no tiene el timón del proyecto, no puede cambiar el rumbo.

Con las metodologías ágiles el planteamiento es totalmente distinto, el cliente contrata a un equipo, el cual se sube a su barco por el tiempo que le contrate. El cliente va dirigiendo el rumbo, cambiándolo cuando quiera, pero siendo consciente de que el equipo de “marineros” que lleva a bordo tiene una caducidad en tiempo, dado que ha pagado por ellos por un tiempo definido.
El primer día de navegación, de forma sencilla detalla los objetivos de su viaje al equipo, explica su proyecto, pero es consciente de que hay muchos factores que no controla que el proyecto cambiará con el tiempo.
Una vez terminado el tiempo de navegación el cliente ha obtenido lo que él ha planificado con sus cambios de rumbo, puede volver a contratar al equipo y volver a navegar para ampliar o mejorar el producto.

La diferencia entre los procesos es muy distinta, en una el cliente no es dueño del timón, sino de la planificación y la documentación previa, y en los procesos ágiles es totalmente responsable del rumbo del proyecto.