Emplear terminologías cercanas a los clientes hace que estos se sientan más seguros a la hora de participar en el proyecto.
Concretamente en España existen desde 2007 mas teléfonos móviles que personas.
Esta estadística nos lleva a la realidad de que los usuarios están acostumbrados a la terminología y definiciones que se emplean en este sector de la telefonía móvil: saldo del móvil, cobertura, toque, etc.
Poder emplear similitudes de terminología cuando hablamos de las metodologías ágiles, acerca a los clientes aun entorno más seguro, sin que se pierdan en ese maremágnum de términos técnicos que normalmente se usan en la relación comercial.
Un cliente que conoce los puntos de esfuerzo que supone un proyecto, que en cualquier momento puede consultar su “Saldo de puntos”, es un cliente seguro de sí mismo y del proyecto.
Esta acción de poder consultar en todo momento su “Saldo” le da la seguridad de tener el control del proyecto, poder saber el estado del mismo, lo consumido y lo que le resta para finalizar, todo esto descrito en una palabra muy fácil de entender por parte de todos los actores que intervienen.
En conclusión, es un paso más para afianzar la relación comercial.
Emplear esta terminología choca en un principio con el concepto de los encargos, que se miden en horas o jornadas de trabajo, pero simplifica mucho la relación con los clientes, ya que estos no molestan al equipo con llamadas o emails preguntando por cuánto queda para finalizar.
Abrazar los principios del manifiesto ágil es algo de sentido común, pero cada día se nota más la falta de este elemento en las relaciones comerciales y personales.