Uno de los dilemas que se plantea una empresa es plantear el tiempo de cada Sprint, el tiempo de cada ciclo de producción. Los entendidos recomiendan que estos ciclos finalicen en plazos de 15 días a un mes, dependiendo del tipo de tarea a desarrollar.
Este tiempo no tiene por qué ser rígido, estático, puede variar según el tipo de trabajo a realizar, no existe una fórmula mágica que marque la duración perfecta de un Sprint, dado que las empresas pasan por diferentes épocas de producción que pueden afectar también a la duración de las mismas.
Es importante que la duración del Sprint tenga el suficiente tiempo para poder cerrar tareas de la pila de producto, de manera que se pueda dar por cerrada una tarea y presentarse al cliente como concluida.
Poner Sprint cortos, de 15 días por ejemplo, obliga a invertir un número de horas el día de estimación y de retrospectiva, tal que de los 10 días hábiles que tiene una semana solo se efectúen 8 de realización de trabajos. El primer día se emplea estimando y preparando la pila de Sprint. El último día es cuando se realizan las presentaciones de productos y la retrospectiva.
Si una empresa opta por un Sprint de un mes, sobre el papel gana días de trabajo efectivo, supongamos que un mes dura cuatro semanas, pues de 20 días de trabajo solo dedica dos a reuniones, siendo un 10% del tiempo, y no el 20% si se hace un Sprint de dos semanas.
La ventaja de un Sprint corto es que el Equipo tienen unos objetivos más breves, por lo que consigue antes la satisfacción del trabajo bien hecho, no desviando la mirada de los proyectos mas allá de dos semanas.
Scrum permite que cada empresa pueda gestionar los plazos como más le interese, incluso existen algunas que realizan Sprints de una semana.
Lo importante es:
- Poder cerrar historias al finalizar cada Sprint.
- Poder enseñar al cliente avances en su proyecto.
- Que el equipo no pierda el foco de atención si es un periodo largo.
- Cerrar los periodos.
